Mente desocupada, laboratorio del diablo.

(Isaías 26:3).

Uno de esos viejos y sabios proverbios de los abuelos dice que mente desocupada, laboratorio del diablo.

Y es cierto, pues cuando no llenamos nuestro cerebro con pensamientos de paz, de amor, de bondad y de fe, entonces creamos un vacío que se intentará colmar de inmediato con todo lo opuesto: preocupación, odio, maldad y duda.

La mente es como un empleado necio al que hay que tener ocupado productivamente.

La mente no para ni un instante, ni siquiera cuando dormimos, todo el día está generando pensamientos de acuerdo a la materia prima con que la alimentamos.

Y esa materia prima la constituyen las conversaciones que hemos tenido, la música que hemos escuchado, los programas que hemos oído o visto en la radio o televisión, el cine que hemos consumido, las páginas de internet que hemos visitado, los lugares que hemos frecuentado, los libros que hemos leído y las cosas que contemplamos a diario.

Por tal motivo es importante darle de comer a nuestra mente buena comida y tenerla ocupada en asuntos importantes, que valgan la pena para nuestro provecho, para nuestro progreso, para nuestra madurez y sano desarrollo.

Una mente bien disciplinada puede llevarnos muy alto en la vida, pero también, si es indisciplinada, puede enterrarnos muy profundo.

Aunque en la Biblia no se habla de la mente específicamente si se le menciona cuando se hace referencia al corazón humano, pues en lugar de describirlo como el músculo que bombea sangre a todo el cuerpo, lo muestra como el generador de los malos pensamientos, las malas actitudes y los malos comportamientos.

Por lo cual también enseña que ese corazón, que equivale a la mente, hay que guardarlo, protegerlo, cuidarlo y disciplinarlo, ya que de él mana la vida.

El profeta Isaías escribió hace 2700 años que aquella persona que persevera en pensar en Dios, en hacer su voluntad y en agradarle, vivirá en completa paz, porque ha confiado en el Señor.

De manera que de ahora en adelante procura llenarte mentalmente de cosas positivas, no expongas tus ojos y oídos a material contaminante.

Vigila bien lo que le das de comer a tu cerebro, pues tus neuronas te pueden enriquecer o te pueden empobrecer, dependiendo de la materia prima que les des a procesar.

Y jamás se te ocurra dejar tu mente ociosa, porque se convertirá en una máquina sumamente peligrosa.

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¡Cuidado pierdes el equilibrio!

Guardar equilibrio

(Cantares 1:6; 1 Corintios 9:27).

Si me dedicara a aconsejar a muchas parejas  matrimoniales, a escribir libros sobre la felicidad conyugal y a viajar por el mundo dando conferencias sobre el tema, pero no dedico tiempo a resolver los conflictos normales con mi esposa, a suplirle en sus necesidades, a escucharla, mimarla y ser su romántico y apasionado hombre, creo que estoy por perder el equilibrio y… ¡Pum!

Si me dedicara a investigar sobre la crianza de los hijos, a organizar seminarios sobre educación y dar charlas para padres en crisis pero no dedico tiempo a jugar con mis retoños, a orar con ellos, a jugar con ellos, a hacer los deberes escolares con ellos, a aconsejarlos y a proveerles para sus necesidades, creo que estoy a punto de perder el equilibrio y…¡Pum!

Si me dedicara a escribir artículos fascinantes sobre la oración, a dar conferencias sobre ella y a invitar a muchas personas a participar de eventos de adoración pero no dedico tiempo para estar a solas con Dios, encerrado, de rodillas y derramando mi corazón y hasta mis lágrimas ante él, creo que estoy a punto de perder el equilibrio y… ¡Pum!

Si me dedicara a hacer muchos programas de radio y tv. en los que animo a la audiencia a estudiar la Biblia, a beber y comer de ella con hambre y devoción, pero no dedico tiempo personal a escudriñarla y nutrirme de ella cada día, creo que estoy a punto de perder el equilibrio y… ¡Pum!

Si me dedicara a escuchar y a leer a expertos en finanzas y a indagar y enseñar sobre prosperidad y nuevas oportunidades de negocios pero en mi vida personal soy desordenado en el manejo del dinero, vivo endeudado, no cumplo con mis compromisos económicos y no soy el dador alegre que Dios desea, creo que estoy a punto de perder el equilibrio y…¡Pum!

La Biblia nos da una voz de alerta en Cantares 1:6 al decirnos: “Mis hermanos se enfadaron contra mí, y me obligaron a cuidar las viñas; ¡y mi propia viña descuidé!”

Y el apóstol Pablo, apercibido de este peligro, escribió en 1 Corintios 9:27 “…no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado”.

En resumen, si me dedicara a enseñarle a otros cómo vivir sus vidas y ser buenos cristianos y por ello hasta ganare cierta fama, reconocimiento y algo de dinero pero en mi ser interior cada día soy más pobre y menos maduro espiritualmente, creo que estoy a punto de perder el equilibrio y…¡Pum!

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Ni olvidado, ni desechado.

Judío

(Salmos 122:6-9; Romanos 11:1, 25-26).

¿Se olvidó Dios del pueblo judío? De ninguna manera. Sobre esta nación hay una gran promesa bíblica de conversión a Jesucristo.

Es verdad que muchos judíos actualmente se están convirtiendo al cristianismo, son los llamados judíos mesiánicos, pero falta aún el cumplimiento profético de que todos ellos vengan ante Jesús y lo reciban como su Mesías, como el Hijo de Dios, como el Dios Padre que tomó forma humana.

El apóstol Pablo escribiéndole a los romanos les explica que fue necesario que Dios endureciera el corazón de los judíos para que rechazaran al Mesías hace dos mil años, puesto que de esa manera Él moriría en una cruz para el perdón de los pecados de la humanidad, de toda, judíos y no judíos.

Y que gracias a ese rechazo al Mesías es que también hoy en día todos los no judíos, llamados gentiles, pueden hacer parte de la cristiandad mundial.

Pero la iglesia cristiana en el mundo entero no sólo le debe a los judíos el que no hayan recibido a Jesús como su Mesías para que Él se volviera hacia nosotros los gentiles y nos regalara la salvación y nos hiciera su pueblo escogido.

Sino que también les debemos el orar por ellos como hermanos.

¿Orar? ¿Cómo si fueran hermanos? Sí, en el Salmo 122 se nos insta a pedir por la paz de Jerusalén con la recompensa de prosperidad de parte de Dios por hacerlo.

Y hay que verlos como hermanos, puesto que a los cristianos la Biblia nos muestra como a hijos de Abraham.

Los judíos son descendientes de Abraham en lo físico, por raza, pero los cristianos somos hijos de Abraham por la fe en Cristo, puesto que Dios le prometió a Abraham que en su simiente serían benditas todas las naciones, y esa simiente es ni más ni menos que Cristo.

Es por ese detalle que Dios hizo un pacto con Abraham cuando éste no se había circuncidado, para que fuese padre, por la fe, de todos los incircuncisos, los gentiles.

La circuncisión vino después del pacto, no antes. De forma tal que hay que orar por los judíos, por su conversión a Cristo y por Israel.

Gracias hermanos judíos porque no sólo nos dieron un Salvador, sino porque a pesar de varios intentos de exterminio en la historia, ustedes, menos del 0.25% de la población mundial, nos han dado más de 169 ganadores del premio Nobel, no odian a los cristianos, jamás explotan iglesias y nunca se amarran explosivos al cuerpo para masacrar a los de otra fe.

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El placer de oler a nuevo.

(Lamentaciones 3:22-23; 2 Corintios 4:16).

Una de las cosas que desde chico resulta placentera hacer es oler las cosas que son nuevas, tales como los libros y cuadernos para la escuela, los zapatos, la ropa, los lápices de colores, los juguetes, etc.

Sacar algo de su estuche original y olerlo es una agradable experiencia que a veces le era negada a quienes tenían que usar la ropa y los libros que les dejaba el hermano mayor.

Y tal placer de oler las cosas nuevas se extiende toda la vida, a tal punto que cuando en una tienda te venden un producto que ha sido desempacado te lo dan más barato, no porque esté usado, sino porque estando nuevo ya se ha abierto su empaque.

Y ni qué decir de los automóviles, que por el sólo hecho de haber sido sacados de la agencia ya se depreciaron, aunque todavía huelan a nuevo.

En la vida de un cristiano el placer de oler cosas nuevas es algo que se puede vivir dos veces cada día, sólo que en el área espiritual.

Lo primero que se puede oler es el regalo de la misericordia de Dios, el cual cada mañana nos regala una nueva. No importa que la del día anterior esté en buen estado, que todavía huela a recién estrenada y que no se haya agotado, de todas maneras hay que desecharla.

Esa misericordia ya no sirve para el día siguiente, porque cada mañana Dios nos da una nueva, recién salida del horno, empacada y sellada, la cual debemos destapar, sacar de su estuche y estrenar con todo y su rico aroma a nuevo.

Sí, cada día, el amor compasivo de Dios nos es dado en abundancia para poder pasar por alto los errores y “metidas de pata” que podamos tener en tanto que caminamos hacia la perfección.

Y dicha misericordia la necesitamos nueva, porque ciertamente la consumimos demasiado rápido, y porque si no fuera por ella tendríamos que enfrentarnos al juicio diario de Dios.

Afortunadamente la misericordia triunfa sobre el juicio según enseña la Biblia en Santiago 2:13.

Y lo segundo que podemos oler cada día a nuevo es a nosotros mismos. Mientras que la misericordia es un regalo que viene de fuera de nosotros, la “Renovación” es el placer de oler nosotros mismos a nuevo, de que el aroma y la apariencia a nuevo emane de nuestra humanidad.

Y esto se hace una realidad cuando pedimos perdón a Dios por nuestros pecados y hacemos nuevo nuestro ser interior por la obra del Espíritu Santo, pues aunque nacemos de nuevo una sola vez podemos y debemos renovarnos cada día.

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El envejecimiento por el silencio.

 

(Salmos 32:1-5; Juan 1:29).

En una época en que todo el mundo está interesado en retrasar el envejecimiento, o al menos, en no dejar que se note en la apariencia física, resulta de gran beneficio saber que hay un silencio en las personas que hace que el cuerpo se deteriore y el alma se arrugue hasta quedar como una uva pasa, se trata del silencio por la no confesión de una transgresión.

No es un hallazgo de última hora, el descubrimiento fue incluso tema para la composición de una canción hace aproximadamente tres mil años.

Se trata del Salmo 32, en el cual el cantautor, el rey David, en lugar de tratar de ocultar su pecado, o disimularlo, como se acostumbra en la realeza, lo declaró públicamente al ritmo de uno de sus éxitos y el cual ha quedado para la posteridad en el cancionero de la Biblia.

“Mientras callé se envejecieron mis huesos porque me la pasaba lamentándome todo el día, día y noche, pero decidí cambiar de actitud, me dije a mí mismo, voy a confesarle a Dios mis faltas, y lo hice, y tú me perdonaste”.

Eso es lo que dice uno de los apartes del tema musical de David, el cual, en el original hebreo, es todo un poema hecho canción.

Pero no sólo al traducirse al castellano la obra pierde su estética literaria y rítmica, sino que además el Salmo 32 se empobrece teológicamente, pues no transmite el gran significado que tiene en su génesis.

La verdad es que el verbo hebreo “Nasá” no significa perdonar simplemente, sino que quiere decir: levantar, cargar y alejar.

Y esto es importantísimo, porque el salmista dice que cuando confesó su pecado, cuando decidió romper el silencio que lo estaba consumiendo emocional y físicamente, entonces Dios mismo tomó ese pecado, se lo echó encima, se lo cargó y se lo llevó bien lejos.

Y allí ni más ni menos que se está profetizando lo que haría Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, pues en su propio cuerpo se cargaría el pecado de toda la humanidad.

No fue que lo perdonó, fue que Jesús lo tomó personalmente, lo levantó, lo cargó sobre sí y se lo llevó lejísimos, tanto como está de lejos el oriente del occidente.

Pero hay algo más sorprendente todavía, Juan el Bautista, quien fue el que llamó a Jesús el cordero de Dios, usó en griego el equivalente al verbo “Nasá”, usó “Aíro”, para decir no que Jesús quita el pecado sino que es el cordero de Dios que levanta el pecado, se lo carga él mismo y se lo lleva lejos.

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Úsese con precaución y fuera del alcance de los niños

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(Hebreos 4:12; 2 Timoteo 2:15).

Aunque en una casa es indispensable tener cuchillos, cuchillas y tijeras, estos elementos deben ser manejados con mucha precaución y mantenerse alejados de los niños, pues podrían, sin mala intención y al manipularse inadecuadamente, causar muchas heridas.

Es por ello que muchos elementos cortopunzantes o aquellos que representan riesgos traen de fábrica una etiqueta de prevención, para que los usuarios tomen las precauciones pertinentes.

Lo mismo pudiera decirse de la Biblia, la cual es más cortante que una espada de dos filos, como las que usaban las legiones romanas en el siglo I.

Estas armas tenían una hoja de dos filos muy cortantes y una fina y penetrante punta. Con dichas espadas podían rasgar, cortar o punzar mortalmente.

Claro está que en el caso de la Biblia ninguna trae ese aviso de precaución en la tapa, aunque sí en el interior.

Pero como algunas personas no usan sabiamente la Palabra de Dios, pues no sería mala idea ponerle un aviso de peligro de esos que traen los insecticidas.

Aunque también sería injusto, considerando que el propósito básico de la Biblia es dar a conocer a Dios y su plan de salvación para la humanidad.

En fin, mientras pensamos de qué manera le hacemos caer en la cuenta a la gente que aunque la Biblia está al alcance de todo el mundo y es para todo el mundo, su uso debe ser responsable y cuidadoso, pues en manos inexpertas o malintencionadas puede causar mucho daño.

Piensa en todas las medicinas que hay en una farmacia. Ninguna fue hecha para matar. Sin embargo, tomar la medicina incorrecta sí pudiera matarte.

De igual manera la Palabra de Dios es medicina para el alma, pero usada sabiamente, ya que muchos inescrupulosos, y otros sin mala intención, la han ministrado imprudentemente.

Se cuenta de un predicador que vociferaba fogosamente que Jesús había enseñado que nosotros éramos la sal de la tierra, pero que debíamos ser sal de buena calidad, pues de otra manera no podríamos ser como Dios dijo a Abraham: “sal de tu tierra y de  tu parentela”.

Y aunque este error de interpretación puede lucir inofensivo y hasta gracioso, también hay hechos bochornosos, tristes y dolorosos, como cuando un embaucador religioso, con Biblia en mano, saca un texto fuera de contexto y lo vuelve un pretexto para hacerse del dinero de los incautos, para manipular, para confundir y para llevar al error.

Nunca dejemos de usar la Biblia, cada día, pero con mucho respeto y cuidado, porque es más cortante que una espada de dos filos, y una espada muy filosa.

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Las cinco “Pes” del cristiano.

(Colosenses 2:9-10).

Hacer resúmenes en muy difícil, pues siempre queda la impresión de que hubo algo que debió mencionarse.

Pero al fin y al cabo un resumen es eso, un resumen, un pedacito del todo, una muestra de la totalidad, un compendio que trata de expresar en pocas palabras que se dicen, muchísimas otras palabras que no se dicen.

Hagamos el esfuerzo por tratar de resumir en pocas palabras lo que dicen 66 libros, sí, una biblioteca de 66 libros que se llama la Biblia, palabra que significa precisamente eso: “Los libros”.

Si alguien te pide que le digas en 10 palabras qué es la Biblia, díselo así: “Es el manual de salvación de Dios para el hombre”.

Y si te pregunta cómo se divide, díselo en cinco palabras: “Antiguo Pacto y Nuevo Pacto”.

Y si te pregunta de qué trata el Antiguo Pacto díselo en tres palabras: “El Mesías viene”.

Y si te pregunta de qué trata el Nuevo Pacto, díselo en dos palabras: “Ya vino”.

Y si te pregunta qué crees de todo lo que dice la Biblia díselo en una palabra: “Amén”.

Ahora, si te es necesario explicar que al estar en Cristo estás completo y nada te falta, entonces aclara que ser cristiano no es abrazar una religión, o creer en uno de los profetas que han pasado por este mundo, sino que estar en Cristo es recibir cinco “Pes”.

La primera “P” es la de la “Presencia”, porque cuando alguien le rinde su vida a Cristo de inmediato se convierte en la residencia de Dios, el Señor viene a morar en el cuerpo del creyente, ese tabernáculo de carne y hueso se constituye en su templo.

La segunda “P” es la del “Perdón”, porque cuando alguien se arrepiente de sus pecados y le pide perdón a Dios, el Señor le borra de la computadora del cielo todo su historial delictivo, su hoja de vida queda limpia gracias al borrador de la sangre de Cristo.

La tercera “P” es la del “Propósito”, porque al abrazar la nueva vida en Cristo ya no vivimos según nuestros planes, sino según la agenda de Dios para nosotros, y su intención es destruir las obras del diablo y en su lugar darnos vida y vida en abundancia.

La cuarta “P” es la del “Poder”, porque al estar en Cristo recibimos primeramente el poder de ser hechos hijos de Dios, una potestad que nos es dada al nacer de nuevo engendrados por el Espíritu Santo. Y en segundo lugar, recibimos el poder del Espíritu Santo para que sea posible vivir el cristianismo no de forma natural, sino sobrenatural.

Y finalmente, la quinta y última “P” es la de la “Perennidad”, o eternidad. El que ha creído en Jesucristo ya tiene asegurada una vida perenne, eterna, porque Jesucristo es la vida misma y el que en Él cree, aunque esté muerto, vivirá.

Jesucristo es el personaje principal de la Biblia puesto que el tema de la Biblia es la salvación y Jesucristo es el Salvador.

El Antiguo Pacto decía que Jesucristo iba a venir. El Nuevo pacto dice que Él ya vino.

Estar en Cristo es estar completo, es tener a Dios mismo. Con Él no nos hace falta nada. Él es el todo, es el Rey del universo.

Y eso era lo que el apóstol Pablo les enfatizaba a los colosenses, a quienes les escribió que creyeran y no se dejaran engañar, porque si estaban en Cristo, ya estaban plenos, realizados.

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Dios hace avisos publicitarios andantes.

(2 Corintios 3:1-3)

En la cultura popular los letreros fuera de las casas y colgados en las ventanas son una expresión muy típica de la recursividad de la gente para generar más ingresos para el hogar, así es que uno se puede dar un paseo por el barrio e ir leyendo:

“se forran y se pegan botones, se ponen cierres, se hacen ojales y dobladillos”.

“Venta de helados, hielo y gaseosas”.

“Se tapan goteras y se instalan canales”.

“Se dictan clases de algebra, inglés y computación”.

“Venta de huevos, pollos, gallinas y pre pizzas”.

“Se alquila habitación para persona sola”.

“Animación de bautizos, primeras comuniones, cumpleaños, matrimonios, divorcios y entierros”.

“Se hacen traducciones y se pasan trabajos en computadora”.

“Se reparan televisores, radios, planchas, licuadoras y ollas eléctricas”.

“Se aplican inyecciones”.

En la época de los apóstoles de la Biblia había un aviso que tenía una gran significación y era: “Jesucristo es el Señor”.

Ese mensaje para nosotros hoy en día no dice mucho, pues la palabra señor es un título que le damos a todo hombre mayor: “Sí señor, a sus órdenes”. “Cómo está usted señor Pérez”.

Pero en aquella sociedad greco romana del primer siglo cuando una persona decía que Jesucristo era el Señor se estaba jugando la vida, pues estaba afirmando, según el original griego del Nuevo Testamento, que Jesús era el “Kurios”, el amo absoluto de todo el universo, el dueño de todo lo existente, un ser más poderoso que el mismo emperador romano.

En otras palabras, cuando alguien confesaba con su boca, después de creerlo en su corazón, que Jesús era el Señor, lo que estaba proclamando era que creía en ese judío que había sido asesinado por el imperio romano como un delincuente, en una cruz.

Y estaba declarando públicamente seguir y obedecer a Jesús como su amo, como su Dios, a riesgo de ser llevado a la cárcel y que se le expropiaran sus bienes, y aún de ser arrojado con toda su familia al circo para ser devorados por los leones.

Esa era la connotación de confesar audiblemente: “Jesucristo es el Señor”. Y eso sí que demostraba que alguien era cristiano.

Pero, ¿cuál sería el aviso que hoy en día tendría igual significancia? ¿Qué poder decir o colgar en la ventana para anunciar que en esta época posmodernista yo soy cristiano?

El apóstol Pablo dio en el clavo cuando expresó que cada cristiano es un aviso andante de Dios, una carta leída, un testimonio público.

Un cristiano debe ser tan transparente como un acuario y por donde vaya la luz de Dios debe estar alumbrando a través suyo. Él es un aviso publicitario andante y la luz del Señor no se debe quedar en su interior sino proyectarse a los demás.

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Sodoma, el paraíso que se deshizo.

Hermosa llanura

(Lucas 17:28-30; Romanos 1:26-28; 1 Corintios 6:9-10).

Florencia buscó en el diccionario lo que significaba la palabra sodomita, aunque a ella, una atractiva y simpática joven, le gustaba más usar la palabra “gay”, sobre todo cuando se refería al estilo de vida de su ex novio Cristian, quien le había roto el corazón al dejarla por otro chico y declararse abiertamente homosexual.

Lo que encontró como definición fue que sodomita quiere decir que era procedente de Sodoma, una antigua ciudad de Palestina. También que significa que ejerce la sodomía, la cual es la práctica del coito anal entre dos hombres, homosexualidad. Como la definición le pareció carente de candor se fue a la Biblia para averiguar más sobre Sodoma, luego hizo algunas consultas y finalmente habló con Cristian:

Christian, tú sabes cuánto te quiero y que te he respaldado en tu decisión de llevar una vida homosexual, porque para mí la tolerancia incluye respetar las preferencias sexuales. Pero ahora que soy cristiana tengo que contarte lo que he encontrado en la Biblia, ya que lo poco que sabemos de ella es lo que hemos oído de otros.

Sodoma ha sido considerada históricamente como una ciudad depravada, aunque hoy en día, bajo la óptica posmodernista, diríamos que era muy liberal, que lo que pasaba en Sodoma se quedaba en Sodoma. Allí los gays, lesbianas y transexuales podían hacer en público lo que quisieran. No había problema para que las parejas del mismo sexo adoptaran niños y los hombres usaran baños de damas o viceversa. Nadie tenía que vivir acomplejado “dentro de un closet” ocultando su sexualidad.

Pero no fue destruída porque no hubiese gente valiente, brillante intelectualmente o con grandes dotes artísticas. No, ese no fue el problema. Inclusive su llanura era tan fértil como el huerto de Dios. La única razón por la que Dios la destruyó fue porque practicaba la homosexualidad. La Biblia no dice que la homosexualidad sea una preferencia sexual que Dios esté dispuesto a pasar por alto algún día, puesto que el cielo y la tierra pasarán pero los mandatos bíblicos nunca pasaran. Y Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos y él nunca va a cambiar.

La Biblia define al homosexualismo como una perversión y un pecado. Y desde génesis hasta apocalipsis dice que ningún homosexual podrá entrar al cielo después de que muera físicamente. Añade también que aún los afeminados irán al infierno.

Y señala que cuando la segunda venida de Jesús se acerque la homosexualidad crecerá como en los días de Sodoma y Gomorra. Así que no será sorpresa encontrar ministros e iglesias homosexuales y que la ley y la religión aprueben matrimonios homosexuales. No será raro que prominentes líderes religiosos lleguen a confesar a sus millonarios seguidores que son gays, pero tendrán tanto mercado, aprecio y popularidad que aún así serán aceptados por muchos, a pesar de su pecado.

Cristian, tú puedes vivir tu vida como quieras, pero debes saber que algún día tendrás que dar cuenta a Dios. Puede ser que la ley, la religión y la sociedad te acepten en esta breve vida material, pero será Dios quien te juzgue en la eternidad. Yo, hoy, por el cariño que te tengo, salvo mi responsabilidad al decirte esto. Y tú ya no podrás aducir que no lo sabías. Sólo recuerda algo más, Dios te ama, aunque odia tu pecado, y te está esperando con los brazos abiertos para darte una nueva vida, lejos del pecado.”

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Hoy me senté en el sofá de la sala y…

Sentado en el sofá

(2 Corintios 5:17).

Hoy me senté en el sofá de la sala y me corrí al rincón de la derecha para quedar debajo de la luz de la lámpara y leer la Biblia, orar al Señor y meditar un poco, estando a solas con Dios y mis pensamientos.

Hoy me senté en el sofá de la sala y pensé por unos momentos en algunas personas a las cuales durante mi vida había dañado o hecho sufrir injustamente por culpa de mi maldad, mi egoísmo, mi desobediencia, mi impericia o falta de sabiduría.

Hoy me senté en el sofá de la sala y pensé por unos momentos en muchas personas a las cuales hice feliz con mis buenos actos de amor o palabras de bondad, gracias a mi amabilidad, mi sabiduría, mi corazón tierno y gentil y a mi devoción cristiana.

Hoy me senté en el sofá de la sala y recordé algunos eventos en el que hice el ridículo o en el que fracasé estruendosamente y defraudé a los que creyeron en mí.

Hoy me senté en el sofá de la sala y recordé algunos eventos en los que fui ganador y por ello reconocido, aplaudido y hasta envidiado por los que no creyeron en mí.

Hoy me senté en el sofá de la sala y consideré las cantidades de personas que a mi edad ya son multimillonarias, famosas y han alcanzado sus sueños.

Hoy me senté en el sofá de la sala y consideré las cantidades de personas que a mi edad ya ni sueños tienen y no disfrutan de tantas cosas buenas como las que Dios me ha dado a mí.

Hoy me senté en el sofá de la sala y analicé que muchas personas a las que he conocido ya no están en este mundo, a la eternidad se han ido, y yo sigo sentado en este sofá sin apreciar y gozar del don de la vida.

Hoy me senté en el sofá de la sala y pedí perdón a Dios por todos mis pecados, oré por aquellos a quienes dañé de alguna manera, perdoné y bendije a los que a mí me dañaron y rogué a nuestro buen Dios que me ayude a sembrar sólo el bien y jamás el mal.

Hoy me senté en el sofá de la sala y consideré lo que dijo el apóstol Pablo a los Corintios, que cuando estoy en Cristo nueva creación soy, lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo y nueva criatura soy, las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas.

Hoy me senté en el sofá de la sala y entendí que aunque no pude arreglar el pasado, sí pude pedir perdón por lo malo, atesorar lo que es bueno, pensar en el futuro, y planear y prepararme para enfrentarlo de la mejor manera.

Pero mientras estoy aquí en el sofá pensando en el pasado y el futuro, se me está yendo el presente, y el presente es eso, un presente, un regalo de Dios para hoy, no para mañana, así es que me levanto ya mismo del sofá y me voy a disfrutar de este tesoro con la mejor actitud en mi corazón. ¡Hoy decido ser feliz, pero en Cristo!

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Tomado de:
“Devocionales en Pijama”
de Donizetti Barrios
Derechos reservados de autor.