Dios puede llenar tu taza, pero, ¿de qué tamaño la hiciste?

 

(Romanos 14:2-3).

Alberto, Luis y Guillermo fueron compañeros de la secundaria. Los tres anhelaban en sus corazones graduarse, formar una familia y servir a Dios. En las reuniones de jóvenes en la iglesia eran desafiados cada fin de semana a poner sus futuros en las manos del Señor y creer por la fe que sus sueños podrían cumplirse. Era cuestión de dejar que Dios hiciera su parte y ellos la suya.

Diez años después, en un encuentro de ex alumnos, se abrazaron de nuevo, compartieron de sus realizaciones y las fotografías de sus familias. Alberto fue el primero en contar que su fe en Jesucristo seguía inquebrantable, que al terminar la secundaria había ido a trabajar al taller de carpintería de su padre y que se había casado con Cristina. Ahora tenía cuatro chicos y le encantaba salir con amigos en bicicleta a repartir porciones de la biblia entre los campesinos de alrededor. La situación económica le era apretada, mas siempre veía la mano de Dios supliéndole.

Por su lado, Luis relató que al graduarse estudió dos años para ser técnico en el mantenimiento de cosechadoras. Justamente trabajando en una agroindustria conoció a su actual esposa, quien era secretaria allí. Ambos ahorraron y se compraron un pequeño apartamento en el cual vivían con sus tres hijos. La familia servía a Dios en grupos de oración caseros, y aunque no eran adinerados, el Señor siempre les proveía.

Guillermo a su turno refirió que terminado el bachillerato decidió con Betty que no se casarían de inmediato, sino que esperarían hasta terminar la universidad. Él se hizo abogado y ella psicóloga. Se casaron, compraron su casa, tuvieron dos bebés y tenían un trabajo estable con el cual se podían sostener holgadamente a la vez que servían a Dios dando asesoría legal y psicológica a iglesias y a los equipos de consejeros. Guillermo también exaltó al mismo Dios de Alberto y Luis por ser su generoso proveedor.

La celebración terminó alegre y con el intercambio de teléfonos y la promesa de volverse a ver. Luego Alberto pasó corriendo la calle en procura de no mojar su único pantalón de gala y se sentó a esperar el autobús. Luis se puso el casco e impermeable y se alejó en su motocicleta. Y Guillermo desactivó la alarma de su auto, se introdujo en él y rápidamente se perdió por la esquina.

Así fue el reencuentro de tres amigos, tres ex compañeros, tres discípulos de la misma iglesia y tres historias diferentes de fe, pues aunque confiaron sus sueños al mismo Dios, lo hicieron en diferente medida. ¿Si pides a Dios que llene tu taza, de qué tamaño la vas a fabricar? Recuerda que las tazas grandes toman más esfuerzo que las pequeñas, aunque Dios puede llenar tanto las unas como las otras.

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Te entiendo perfectamente, yo también pasé por eso.

(Hebreos 4:14-16)

Una de las bondades que tiene la terapia de grupo es que cada uno de los asistentes puede sentir que no es el único ser sobre el planeta que vive una situación en particular, sino que otros seres humanos también están pasando por lo mismo o ya lo pasaron, y eso le trae alivio y consuelo.

Pero la terapia grupal no sólo ayuda en eso, sino que también permite compartir experiencias y dar y recibir lo que es bueno y lo que es malo, para así saber qué conviene aplicar y qué conviene evitar a fin de lograr mayores éxitos.

Es por eso que cuando requerimos ser entendidos por alguien nadie mejor que uno que ya haya pasado por lo que nosotros estamos pasando, a ese sí que le podemos abrir el corazón, porque va a entender cabalmente de qué le estamos hablando.

Así es que si te has sentido traicionado por alguien muy cercano, cuéntale de eso a Jesucristo, Él sabe de qué le estás hablando, Él lo vivió con su amigo Judas. Y si estás enfadado por causa de la gente que sólo te presta atención para ver dónde te equivocas y criticarte inmisericordemente, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siempre tenía entre sus oyentes a eminentes doctores que en lugar de querer ser edificados sólo buscaban ocasión para descabezarlo.

Y si has pasado por hambre y sed, y el sol te ha azotado, y los talones de los pies se te han rajado de tanto andar, y la arena del desierto ha espesado tu saliva y el sudor te ha corrido por la espalda y no has tenido donde recostar tu cabeza, cuéntale de eso a Jesucristo, Él siendo Dios, dejó su trono de gloria y vino a este mundo a vivir cada uno de esos episodios.

Él sabe lo que es tener que responder cada semana por el mantenimiento de 13 familias, las de sus 12 discípulos y la suya. Él sabe lo que significa ser tentado no después de 10 días de ayuno, ni de 20, sino de 40, cuando la vista se te nubla, los huesos se te pronuncian, los pómulos se te brotan, la cara se te alarga y un mínimo esfuerzo te produce mareo.

Él sabe lo que es pasar por la muerte más terrible, ver a los discípulos esconderse por miedo y después regresar a sus tareas habituales como si la experiencia de tres años con Él no hubiese significado nada. Pero también Él sabe como resucitar en gloria. Así es que si quieres hablar con alguien, habla con Jesús, Él te entiende.

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A qué hueles cuando te vas a encontrar con Dios.

(2 Corintios 2:14-16).

Uno de los detalles que las damas y caballeros cuidan cuando se van a encontrar con alguien importante y quieren causar una buena impresión es: ¿qué perfume o loción voy a usar? El oler agradable es un complemento ideal para una buena presentación en el vestuario y en el aspecto físico.

Es por ello que la industria de la perfumería ha crecido tanto y ha llegado a ocupar no sólo las vitrinas de los supermercados y las boutiques, sino la mayor parte de las estanterías de los almacenes libres de impuestos de los muelles de los aeropuertos y el 90% de las páginas de los catálogos en los aviones.

Las feromonas son sustancias químicas que un organismo secreta para que puedan ser olfateadas por otro de su especie y provocar así una reacción determinada. Se les llama también las hormonas del olor. Las hormigas por ejemplo las usan para enviar diversas señales, un olor específico pudiera significar en qué lugar se ha encontrado alimento, o a qué colonia pertenece esa hormiga, o ser un aviso de alarma, o una señal durante el vuelo nupcial para atraer al macho y que se acerque a la hembra.

Las abejas usan las feromonas de forma parecida a las hormigas, e incluso la reina anuncia de esa manera su presencia para tranquilizar a las obreras y también para controlarlas. En el caso de las mariposas saturnia pyri, las más grandes de Europa, los machos son capaces de detectar el olor de la hembra a 20 kilómetros de distancia.

Estudios en diversas universidades parecen corroborar la tesis de que los seres humanos también producimos feromonas, aunque de manera inconsciente, y es por ello que hoy se venden perfumes especiales para conquistar al sexo opuesto. Y a nivel popular se habla de la química que hubo entre un chico y una chica que congeniaron de inmediato.

El apóstol Pablo escribiéndole a la iglesia de Corinto dice que como cristianos somos siempre triunfadores; y que para Dios Padre nosotros somos el mismo grato olor de su hijo Jesucristo.

Olemos a Él, estamos impregnados de Él, por cuanto nos ha lavado con su sangre de todos nuestros pecados. Y su fragancia es tan espectacular que inclusive la llevamos a todas partes, y cuando la gente cree en Cristo y se salva, lo que huele es vida eterna. Aunque no faltan quienes se niegan a creer y lo que huelen es muerte. ¿Cómo hueles tú para Dios? ¿Hueles a Cristo?

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Firma tus trabajos.

(Colosenses 3:22-23).

El “Retrato de Adele Bloch-Bauer I”, del pintor austriaco Gustav Klimt, fue vendido en el año 2006 en 135 millones de dólares y se constituye en la tercera obra pictórica más costosa del mundo. El primer lugar lo tiene “Number 5, 1948”, de Jackson Pollock, pintor estadounidense, cotizada en 140 millones de dólares.

Estas son cifras astronómicas que demuestran lo que puede llegar a costar un trabajo bien hecho y la firma en el mismo de quien lo hizo. Son obras de arte que llevan tres o cuatro años realizarlas y que no se hacen en serie, sino una sola vez, por lo cual el artista renuncia a hacer otras que le sean similares, para que la originalidad les dé mayor valor. Así es como Dios, el gran artista del universo, hace con cada ser humano, lo realiza único e irrepetible, aunque luego haya obras que renieguen de sí y quieran parecerse a otras, perdiendo el inmenso valor de su individualidad, de ser originales, y no simples copias mal hechas de otras.

Un asesor empresarial acostumbraba a decirle a sus oyentes lo siguiente durante sus conferencias: “Así como los grandes artistas tratan a sus obras como si fueran hijos, así ustedes deben hacer sus trabajos, como si fueran sus hijos. Una obra es una extensión de su creador, la obra dice mucho de quien la ha hecho, dice si su artífice era excelente, bueno, mediocre o malo. Es su obra la que da testimonio de él, y lo seguirá dando aún cuando el artista ya se haya muerto.

Cuando un gran maestro da por finalizada una obra no sólo sabe que ha dado a luz un hijo, un fruto de sus entrañas, de su ingenio, esfuerzo y dedicación, sino que sabe también que acaba de renunciar a hacer otra exactamente igual, porque si no su trabajo perdería el valor de ser original.

El mejor consejo que le puedo dar a un fabricante, a un distribuidor, a un vendedor, a un operario o empleado, es el que hace dos mil años le diera un apóstol a sus discípulos en la Biblia.

Él les dijo a los cristianos que vivían como esclavos en su tiempo que no trabajaran sirviendo al ojo, es decir, haciendo las cosas bien sólo cuando el amo los estaba mirando, sino que lo hicieran como si sus trabajos fueran para Dios.

Si tú haces cada trabajo como si fuera para Dios, como si fuera tu gran obra, única y original, y además con la mejor actitud, calidad, costo y cumplimiento que te sean posibles, ten la seguridad de que serás el rey en tu área laboral”.

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¡Pídelo, acéptalo y aplícalo!

(Hebreos 10:17-18).

En 1897 Martin Dalton asesinó a un hombre de negocios y fue sentenciado a cadena perpetua y enviado a la prisión estatal de Rhode Island en los Estados Unidos. En 1930 se le concedió un perdón absoluto gracias a la solicitud que hizo un abogado de revisar su caso.

Y aunque pudo irse a la calle, Martin prefirió seguir recluido, pues con 61 años no sabía qué hacer con su libertad. El 23 de marzo de 1960 murió tras las rejas, a los 91 años. ¿Es lícito que alguien rehúse un perdón? Si, de acuerdo a una decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de 1830, cuando George Willson rechazó el perdón que le concedió el presidente Andrew Jackson levantándole la pena de muerte por robar el correo y homicidio. En esa ocasión el juez John Marshall dijo: “Un perdón es un papel, y su valor depende de la aceptación de quien lo recibe”. Así que, Wilson debió ser colgado.

Hay cosas malas que los seres humanos hemos hecho en la vida, de las cuales, algunas, infortunadamente, se han hecho públicas. Otras, unos pocos las han sabido, y a veces, por fastidiar, algún odioso nos las recuerda. Otras, permanecen en secreto, y eso nos tranquiliza un poco. Pero de todas maneras, en cualquier caso, nuestros pecados no pueden ser escondidos de los ojos de Dios y esos pecados nos perseguirán toda la vida, vayamos a donde vayamos. A no ser que… recibamos un perdón oficial de parte de Dios.

Sí, si nos arrepentimos de nuestra maldad, si pedimos perdón, si aceptamos ese perdón y si lo aplicamos a nuestra vida, entonces podemos liberarnos de esa carga de culpa, ser libres y vivir como si nunca nada malo hubiera pasado. Por supuesto que las consecuencias lógicas del pecado estarán allí, pero no habrá cargos de conciencia que nos amarguen.

Por ejemplo, si en tu juventud embarazaste a tu novia y no te casaste con ella, toda la vida serás el padre de ese hijo, a pesar de ya no tener nada con su mamá. Y tendrás que cumplir todos tus deberes paternos, aunque te cases y tengas más hijos, pues la que ahora es tu esposa y tus nuevos hijos deben saber que aunque Dios te perdonó, y ya no serás juzgado por ese pecado, no obstante tu responsabilidad de padre con tu primer hijo no ha cesado.

Lo que no es admisible es que te sigas culpando toda la vida por haber engañado esa chica y creyendo que cualquier evento desafortunado que te pase es por esa antigua falta. Sí, suena ridículo, pero en la realidad todavía hay casos como el de una anciana que cada que algo triste le acontece, se lo adjudica a un aborto de su juventud. No, amigos, Dios no juega con su perdón, de manera que si él te lo da, recíbelo, y perdónate a ti mismo.

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Lo increíble que hacemos creíble.

(Filipenses 2: 6-11; Colosenses 1:26-28)

Pudiéramos tener la impresión de que Cristo cometió un error matemático al decirle al ladrón arrepentido en la cruz que ese mismo día estarían juntos en el paraíso, puesto que Él sólo resucitaría hasta el tercer día. Pero no, no es así, no hay ningún error, Jesús nuevamente estaba declarando que Él es el Padre que está en el cielo.

Hubiese podido decir también: “mira ex ladrón, ahora me estás viendo aquí en la cruz, físicamente, pero al mismo tiempo estoy en el cielo, porque yo soy omnipresente y también el Padre Eterno”.

La misma declaración se la hizo al discípulo Felipe cuando éste le pidió ver al Padre. Jesús entonces se le reveló diciéndole “YO SOY”, por cuanto Él es el gran YO SOY, aquel que se le presentó a Moisés como “YHVH”, nombre hebreo que suena como Yaveh y que se traduce como “YO SOY EL QUE SOY”. ¡Increíble! Y Jesús por eso nunca dijo que Él era el camino para “ir” al Padre, sino para “VENIR” al Padre, para llegar a Él mismo. Y a los judíos teólogos les dijo: “Voy al que me envió (al Padre) pero ustedes no podrán ir a donde YO ESTOY”.

Gramaticalmente uno piensa que Jesús se expresó mal, porque debió decirles: “No podrán ir a donde yo voy”. Pero no, en el texto griego Él dijo: “No podrán ir a donde YO ESTOY”. ¡Increíble! Otra vez la Biblia señala que Jesús es el Padre Eterno, el Creador del libro de Génesis.

Y 700 años antes de que Jesús viniera al planeta y naciera como un bebé el profeta Isaías llamaba al niño: “Admirable, Consejero, Dios fuerte, PADRE ETERNO y Príncipe de paz”. ¡Increíble! El Padre Eterno naciendo en un pesebre en medio de animales de corral.

Pero antes de eso, Él, el gran YO SOY, el creador del universo, se hizo del tamaño de un garbanzo y se metió en el vientre de una campesina judía adolescente y virgen llamada en hebreo Miriam, aunque en castellano se le conoce más como María. Y cuando El Eterno Dios nació en forma humana le pusieron por nombre Yeshua, que quiere decir: “YHVH perdona los pecados”, porque según la Biblia el único que puede perdonar los pecados es YHVH y por eso Jesús, que es YHVH, los perdonaba. ¡Increíble! Y Él es Emmanuel, Dios con nosotros.

Y ya adulto, con inmenso asombro, los arcángeles, ángeles, querubines y serafines lo vieron a Él, al Padre Eterno, al Santo, al Perfecto y Todopoderoso, ser abofeteado, azotado, escupido y colgado en una cruz lleno de pecado. Pero no era su pecado, era pecado ajeno, el nuestro, se lo echó encima, cargó con nuestras culpas. ¿Y sabes por qué? Por un sólo motivo, porque nos ama, por eso, y porque en su inmenso amor pagó por nosotros el castigo por nuestros pecados.

¿Y cuál es ese castigo? La muerte. Sí, Él, Dios, sufrió la muerte más terrible reemplazándonos a nosotros. Él murió para que nosotros vivamos y vivamos eternamente. ¿Crees en esto increíble?

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Tu Papá, no tu esclavo.

 

(Romanos 8:15; Gálatas 4:6; Filipenses 2:8).

En la cultura latinoamericana hablar de paternidad no deja de ser un asunto delicado, ya que hay hombres que han asumido con responsabilidad su rol de papás. Pero también hay otros especímenes andando por ahí con ínfulas de sementales, que no les importa procrear niños y luego dejarlos abandonados como si fueran perritos.

Así es que cuando uno quiere explicarle a alguien que la Biblia presenta a Dios como Papá, no se sabe si lo estamos dejando bien o mal parado, pues para muchos la figura de la paternidad o no existe o es un completo desastre. De forma tal que en ocasiones, buscando la manera creativa de comunicar el concepto de la paternidad de Dios, hay que decir cosas tan curiosas como: “Mira, Dios es un papá, pero un papá que tiene corazón de mamá, lleno de amor”.

Para los judíos la figura del Dios Papá no es complicada de entender, pues la imagen que tienen de él es la de: un proveedor, un cuidador, un maestro, un guía, un consejero, una autoridad delegada por Dios, el sacerdote de la casa, el único esposo de mi mamá y quien me va a dejar en herencia todos los bienes que logró acumular. El apóstol Pablo le explicaba a sus oyentes que cuando una persona por la fe entrega su vida a Cristo y nace de nuevo, espiritualmente, Dios le envía al Espíritu Santo, para que se quede a vivir dentro del cuerpo de ese nuevo cristiano.

Ese Espíritu Santo es quien lo convence de que ya no es un esclavo, sino un hijo, por lo cual le hace exclamar: “ABBA”. Y “ABBA” es una palabra del Nuevo Testamento Griego que procede del arameo, y significa “Papito” o “Papi”. Era la palabra que el niño pequeño le decía con ternura a su papá.

¡Qué espectacular noticia! Dios es mi Papá, pero un Papá al que debo amar, oír, respetar, seguir y adorar. Por eso Jesús siempre oró al Padre con confianza y respeto, no como a un esclavo, sino como a su Padre Eterno. Jesús no le decía:

“Oye viejo, sabes qué, ese asuntito de morir en la cruz y que me den golpes y se burlen de mí no me cuadra, no es muy “nice”. O sea, yo pienso en algo más suave, algo súper híper mega espectacular, algo bien sensacional, que vaya con mi estilo. O sea, algo propio del Hijo de Dios, tú sabes viejo, yo no soy cualquier gentuza”.

Jesús por el contrario, siendo Dios, se postró y se humilló ante su Papito y lo obedeció hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso le expresó: “Hágase tu voluntad y no la mía”.

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Buscando protagonista para la película: “Duro de pagar”.

(Romanos 13:8).

Un humorista contaba la historia de un hombre a quien en su pueblo apodaban “hijo único”, ¿Por qué? Porque siempre que le iban a cobrar decía: “No tengo hermano”. Y que a otro le decían “pan caliente”, porque siempre que llegaban los cobradores a su casa atendía la esposa y decía: “acabó de salir”.

Estas historias de los “malas pagas” las hay por todas partes y hasta se hacen chistes de ellos, pero la verdad es que resulta frustrante, mortificante y enojoso toparse con tales personas, pues han perdido hasta la vergüenza. Con cuanta gentileza algunas personas solicitan que se les preste o se les fíe, mas con  cuanta fiereza responden cuando se les cobra. ¡Es terrible!

El consejo del apóstol Pablo es que no debamos nada a nadie, que no tomemos prestado, que no hipotequemos el dinero que aún no nos hemos ganado, pues al ser contingente podríamos incumplir en el pago y dar un pésimo testimonio. El autor añade que la única deuda que no se podrá pagar jamás será la del amor, lo cual significa que en todo tiempo debemos amar a los demás, incluso a los enemigos, ya que si amamos a los que nos aman nada hacemos de virtuoso, pues hasta los más perversos aman a quienes les aman.

Así es que si por equis circunstancia llegase a ser necesario tomar prestado, lo mejor es tener como de altísima prioridad cancelar esa deuda en el menor tiempo posible, y poniendo la misma cara de amabilidad que esbozamos cuando solicitamos el préstamo.

¿Y qué hacer con aquellas personas que sabemos que son malas pagas y que nos piden prestado con tal urgencia que casi nos obligan? Evitarnos dolores de cabeza y no prestarles, aunque se enojen. Es mejor, si contamos con los recursos, que les demos una ofrenda. A los pastores jóvenes se les aconseja no prestarle dinero a los miembros de la iglesia, pues perderán el dinero y al miembro, ya que la persona al no poder pagarle se irá a otra congregación. ¿Y si somos nosotros los deudores, qué hacer?

Primero, no ser sinvergüenzas y dar la cara.

Segundo, no enojarnos porque nos cobran, es nuestro deber pagar.

Tercero, hacer cuentas, pues el que sabe lo que debe, sabe lo que tiene.

Cuarto, evitar nuevas deudas.

Quinto, hacer un plan de pagos manejable, para no ahorcarnos o incumplir.

Sexto, no desviar el dinero que nos llega, sino pagar.

Y séptimo, pedir siempre un recibo.

¡No seas duro de pagar!

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Trátale y sírvele como si fuera superior a ti.

(Filipenses 2:3).

Cuando el administrador le daba el entrenamiento a los nuevos camareros siempre les preguntaba: “¿Por qué creen que este restaurante es uno de los más visitados de la ciudad? ¿Por qué creen que siempre hay una larga lista de espera y la gente paga contenta y luego regresa con invitados?“Yo creo que es por  la buena comida”, decía alguien. “A mí me parece que es por el ambiente, la decoración y la música”, opinaba otro. “Yo creo que es por la ubicación y buena vista”, conceptuaba alguien más.

Sin embargo, la sorpresa venía cuando el instructor les aclaraba: “Todo lo que han dicho es importante y ayuda para que seamos uno de los mejores restaurantes, pero lo que realmente hace la diferencia es el servicio, el servicio. Nosotros no vendemos comida, vendemos servicio”. Después tomaba un plato y les explicaba: “Esta porción de carne ustedes la pueden comprar en la carnicería, la preparan en sus casas y les va a costar cuatro veces menos.  O van a un restaurante popular y sólo pagan la mitad. Pero cuando vienes aquí, estás pagando no por el pedazo de carne, sino por la manera como te hacemos sentir al comerte este pedazo de carne”.

Luego, usando un proyector agregaba: “Cuando llegas a nuestras puertas no te hacemos sentir que te hacemos un favor, sino que tú nos haces el favor al preferirnos. Aquí jamás tienes que buscarte una mesa y esperar diez minutos hasta que un camarero te retire los platos sucios pasándotelos por la cara y limpiando con un trapo maloliente. Nosotros te llevamos hasta una mesa limpia, bien decorada y con buen olor. Aquí no tienes que estar golpeando un vaso para que alguien tome tu pedido, nosotros nos quedamos contigo hasta que leas el menú, nos hagas preguntas sobre cada plato y puedas pedir con los pequeños detalles que te gustan. Y mientras llega la comida te ofrecemos panecillos recién horneados con una salsa exquisita. Y si traes niños les damos papel y lápices. Y si  preguntas por el baño no te señalamos con el dedo, sino que te guiamos hasta la puerta. Servicio señores, servicio, hacerte sentir como un rey o una reina, ese es el secreto de este restaurante”.

Ahora, después de escuchar los consejos de este entrenador de camareros pensemos en lo siguiente: ¿cómo sería nuestro hogar si tratáramos a nuestro cónyuge o hijos como si fueran superiores a nosotros y haciéndoles sentir especiales? ¿Qué pasaría en nuestro trabajo si les diéramos a todos un trato amable? ¿Qué pasaría en nuestras iglesias si tratáramos con amor y respeto a los demás? ¿Y qué sucedería si también lo hiciéramos con los vecinos y amigos? Con toda seguridad que tendríamos unas relaciones maravillosas, pues ningún ser humano se enoja porque le tratamos bien. Es por ello que el apóstol Pablo aconseja en la Biblia: “traten a los demás como si fueran superiores a ustedes mismos, no sean prepotentes ni agresivos”.

¿Qué tal si lo intentamos desde hoy? Un refrán dice que se atrapan más moscas con una gota de miel que con una gota de hiel.

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Cuando el auto no se mueve, las ruedas se ponen duras.

 

(Proverbios 13:4).

La única forma de que puedas ser guiado es poniéndote en movimiento, pues estando quieto es muy difícil decirte si vas bien o si debes retroceder o girar a la izquierda o la derecha. Además tu quietud pudiera interpretarse como pereza, falta de ganas, falta de interés, incapacidad o miedo. Aún las ruedas de un auto cuando están quietas se ponen muy duras, pero cuando el vehículo se mueve aunque sea un poco éstas se tornan suaves y manejables.

Puede ser que la prudencia te indique ir despacio y con cautela, lo cual es aceptable, pero no te pedirá que estés inactivo o improductivo, eso sólo te lo exigirá el temor, el cual es el enemigo de la fe. Mientras que la fe cree, el temor duda. Mientras la fe te mueve hacia logros, el temor te paraliza  en ahogos. La fe hace, el temor deshace.

Hay muchas personas que dicen que están esperando a Dios, que el Señor les guíe, les hable, les diga qué hacer, cómo hacerlo, dónde hacerlo y cuándo hacerlo. Y ello suena muy espiritual, muy bonito, pero la verdad es que es una simple excusa para no hacer nada, para quedarse cruzados de brazos y dejar que los días se pasen y la pobreza les llegue como hombre armado.

En lugar de ellos estar esperando a Dios es Dios quien los está esperando a ellos. El Señor está aguardando que se decidan a ponerse en movimiento, que demuestren que sí les sobran las ganas por salir adelante y mejorar sus condiciones actuales.

Y como los inactivos son expertos en inventar disculpas nuevas cada día, podrán citar que Dios ha dicho en la Biblia: “estad quietos”. Y en otro lugar: “venid aparte y reposemos un poco”.

Sí, claro que la Biblia lo dice, pero nunca para fomentar la pereza o improductividad, pues de otra manera se contradeciría con la decena de versículos que atacan la pereza y con el mandato explícito de que el que no trabaje que tampoco coma. Cuando Dios daba la orden de estar quietos se lo decía a quienes no podían estar quietos, no a perezosos.

Era una instrucción específica para personas diligentes a las cuales en alguna ocasión Dios quería mostrarles a ellos y al mundo su gran poder. Y dejar en claro que toda la gloria era suya, que no la compartía con nadie, y que no había lugar para la jactancia de algún héroe. Y cuando Jesús les dijo a sus discípulos que se aislaran y descansaran un poco era porque estaban cansados de trabajar, era una necesidad para poder seguir laborando.

No dejes que la pereza, el temor, el desinterés, la incapacidad y el sentirte desubicado te paralicen. Dios te va a guiar cuando empieces a moverte, en fe.

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